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martes, 28 de agosto de 2012

¿QUÉ ES JUEGO LIMPIO?


¿QUÉ ES JUEGO LIMPIO?
Tras introducir el café con algunas históricas y curiosas anécdotas, nos dispusimos a matizar el concepto de “juego limpio”. Comenzó Álvaro con una perspectiva sobre las normas, afirmando que el juego limpio tiene que ver con la moral de cada uno. Y surgió así el tema de la legalidad; ya que está claro que las normas en el juego existen. No obstante, las opiniones de los diferentes sujetos hacen que éstas no sean universales. Minutos más tarde intervino Inés, para quien está claro cómo ha de aplicarse el juego limpio, aunque coincide con el resto de miembros del café en que habría de ampliarse el concepto. Tod@s están de acuerdo en que las normas dejan un gran vacío. De hecho, Margarite va más allá expresando que no existe ninguna norma clara, sino que cada una puede ser interpretada. Esto plantea un gran problema, puesto que el deporte como tal debería ser claro. Como ejemplo, haré referencia a un caso práctico real sugerido por un amigo y ético del deporte, Francisco Javier López Frías.
Ejemplo: Óscar Pistorius[1] pide competir en los JJ.OO. de Londres en la máxima categoría. ¿Se le debe permitir?
María opina que no debería correr de ninguna manera. A lo que Margarite nos plantea el dilema de si debería ocurrir lo mismo con cualquier sujeto que haya sido sometido a un trasplante de corazón, ya que éste no sería natural del sujeto en sí, al pertenecer antes a otra persona. Lo mismo ocurre con la droga, las transfusiones… ¿dónde está el límite de lo natural? y lo que es más complejo, ¿cuáles de esos límites acotan el llamado “juego limpio”? ¿Cuándo una persona deja de conseguir los méritos deportivos por ella misma? Por otra parte, a la hora de competir, cada uno lo hace dentro de sus diferencias y con sus características. No es fácil establecer la diferencia entre un sujeto que se dopa y otro que corre con unas piernas iónicas más fuertes que las humanas. La cuestión plantea la dificultad de discernir qué es y qué no es una persona natural. Marcos se atrevió a lanzar un criterio; y es que el corazón (aunque sea trasplantado) es humano; y las piernas de acero, no. María Jesús apoyó este argumento basándose en que esas piernas parten de la ciencia, de la técnica. Y eso, de por sí, da una ventaja ya clara; puesto que uno de los fines de  la ciencia y la técnica es facilitar las funciones humanas. Sin embargo, hay deportes en los que difícilmente se aprecia una actividad puramente humana, sin influencia de la ciencia, sea el caso del ciclismo.
Ejemplo: Una muestra de orina demostró que Contador había consumido clembuterol. Una sustancia broncodilatadora, prohibida por la Unión Ciclista Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje, que no puede ser generada por el organismo humano. El escalador atribuyó el positivo a intoxicación alimentaria por ingerir carne de ganado engordado ilegalmente.
Es éste un caso concreto, pero no aislado, ya que todos los ciclistas llevan tras ellos un equipo que estudia de qué manera aumentar al máximo el rendimiento de los mismos, y con ello, mejorar sus resultados. ¿Dónde situar, entonces, el límite si todos ellos ya parten de un nivel superior al que denominamos natural? Marcos responde que los equipos (de técnicos, científicos) buenos buscan ciclistas buenos, puesto que será más fácil obtener un mejor resultado en éstos que en otros peores. Álvaro plantea por tanto el hecho de que es el equipo el que elige al ciclista, y no al contrario. Parece que no se es tan exigente en la limpieza de algunos deportes… puesto que no sólo el ciclismo parte ya de un nivel “menos natural”, sino que en fútbol encontramos casos tan cercanos como el de Messi, que desde muy pronto siguió un tratamiento para crecer. Inés cree injusto el deporte profesional en relación con otros deportes, ya que una buena alimentación, estudiada y recomendada previamente por especialistas, también puede constituir una ayuda. Añade además que la competición entre sujetos que cuenten cada uno con sus propios recursos facilitaría una perspectiva justa en el deporte. Y es que tod@s coinciden en que el deporte implica valores, pero también opinan que muchas veces terminan por corromperse con la tendencia competitiva. María Jesús ve una posible solución a este problema en la distinción entre deporte y ejercicio. Ya que el placer se puede encontrar perfectamente en el ejercicio, mientras que la competición a veces (y no con esto quiero decir siempre) puede desembocar en los efectos justamente contrarios.
Habían entrado ya en juego varios factores, como la competición, la limpieza, la justicia… ¿pero qué hay del arte? En la Antigüedad, el deporte era considerado más artístico que actualmente, los deportistas eran los ídolos de la sociedad. Y en este momento interviene Sagrario articulando su preocupación por la lucha de identidades que provocan los deportes de masas, propiciando una agresividad identitaria o identidad agresiva. Marcos añade que, además, entrenar a alto nivel conlleva riesgos para la salud. Margarite fue más allá y se implicó de manera personal, diciendo que no querría a su hijo en un equipo de fútbol. María Jesús opina que este completo desvirtuarse que ha sufrido el fútbol ha terminado por reflejar lo que ocurre en la sociedad. Es decir, vivimos en una sociedad cada vez más competitiva donde el deporte es cada vez más competitivo. Se afirma una identidad que termina en vorágine, donde es la sociedad la que corrompe el deporte. Marcos y Margarite coinciden en que el fútbol es el mayor reflejo de esta situación, en la que hay que llegar a ser bueno desesperadamente, por todos los medios. Y es probablemente, nos afirma Inés, por el movimiento de dinero que implica. Priman los resultados, y eso implica dinero, prestigio. Cuando lo que habrían de primar para favorecer el cambio son los valores. se está produciendo, de hecho, una contra-reacción en otros deportes como el taichí, la escalada, la natación, el yoga, etc. En todos los deportes hay una vertiente competitiva, aunque sea con uno mismo, pero también recreativa. Y esta parte recreativa se pierde, por lo general, cuando hay dinero en juego.
Concluyendo, si se evita la presión social a la hora de practicar un deporte, y se lleva a cabo con un espíritu libre, sí se puede hallar el juego limpio. El juego limpio está en uno mismo. Y cualquiera puede descubrir y mantener éste en el deporte si lo practica con unos fines sanos, ya sean recreativos o competitivos, o una mezcla de los dos; pero no el puro beneficio económico-publicitario-social.


[1] Corredor paralímpico y olímpico sudafricano con una doble amputación en las piernas. Lleva unas prótesis transtibiales que le dan una ventaja injusta sobre otros.

¿POR QUÉ NOS GUSTAN LAS COSAS QUE NOS GUSTAN?

¿POR QUÉ NOS GUSTAN LAS COSAS QUE NOS GUSTAN? Tras las presentaciones de tod@s l@s componentes del Café Filosófico: Sagrario, Carmen, Fran, Ángel, Carlos, Daniel Sara, Álvaro, María, Juan José, Marcos y yo, María, emprendimos el camino hacia la búsqueda de una respuesta desconocida en un primer momento, pero más visible según nos fuimos adentrando en la reflexión: ¿Por qué nos gustan las cosas que nos gustan? Primeramente, los ejemplos tomaron el protagonismo de la tertulia, dándonos a conocer un@s a otr@s diferentes gustos que nos atraían. Así, se dejaron entrever ciertas aficiones como la política, los paisajes naturales, la pintura o incluso la comunicación, entre otras. A simple vista, parecían éstos gustos totalmente dispares. No obstante, los cuatro ejemplos anteriores tienen algo en común, para ser más precisos, tres cosas en común, y es que quien aprecia un objeto, sea cual sea el mismo, éste le llama la atención, la atrae y, por consiguiente, le hace sentir bien. Pero el gusto va más allá del bienestar que nos transmite el objeto (o la persona, o la sensación…) ya que se planteó también el placer que se siente por lo desagradable (un paisaje de guerra), o por lo peligroso (la ascensión de un 8000)… sería algo así como un “me gusta porque no me gusta”, o mejor dicho, “porque me supera…” Lo sublime había tomado parte en el diálogo. Y cómo no, las emociones caminaban a su lado. Las ideas iban rompiendo diques, y la biblioteca se convirtió en un remolino de pensamientos, de opiniones, de experiencias compartidas… pero si había un sentimiento que realmente era compartido por tod@s, es que las emociones desafían la banalidad, de ahí la búsqueda de aquello que nos inspira belleza, porque ésta nos produce emociones. Ahora bien, todo cuadro tiene un pintor; toda comunicación tiene un interlocutor; toda obra arquitectónica, un arquitecto… ¿Es universal el gusto de quien lleva a cabo la obra? ¿Es la belleza objetiva? El sentimiento es el que marca la diferencia entre la objetividad y la subjetividad. La realidad de fuera siempre es la misma, pero la percepción interior de esa realidad en cad@ un@ puede variar, generando cada sujeto una imagen subjetiva. Aunque al hablar de la belleza física, la mayoría coincidieron en afirmar que existen ciertas características genéticas adquiridas, las cuales, al modo aristotélico, nos hacen apreciar la armonía, la simetría, el orden, más que algunos ejemplos de lo contrario como podría ser un hombre con un solo ojo, una mujer con una sola ceja o una habitación desprovista de ángulos rectos. De hecho, en la publicidad se pueden apreciar ciertos rasgos que embelesan a tod@s igualmente. En cierto modo, hay una serie de detalles inamovibles los cuales tiende a apreciar en mayor grado nuestra conciencia. Platón lo llamaría verdad; pero nada más contrario que esto nos inspira la publicidad, por lo que podríamos más bien valorar esos detalles como atracción armónica. En resumen, nos gustan las cosas que nos gustan porque, lejos de pertenecer a un rebaño, nos hacen sentir exclusiv@s (aunque sea dentro de un grupo), comprenderlas de una manera especial; y sobre todo, contemplarlas en un paréntesis de sentimientos y sensaciones que sólo esa obra, ese paisaje, esa actividad o esa persona son capaces de transmitirnos. El gusto no deja de ser, por tanto, una relación con lo creado, pero no por lo creado por el/a creador@, sino con esa percepción que se ha generado en la línea que separa la realidad de la fantasía exclusiva y experimentada por cada sujeto.