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martes, 24 de junio de 2014

¿EL LENGUAJE CONDICIONA EL PENSAMIENTO? ¿Cambia nuestra percepción del mundo dependiendo del lenguaje? ¿Es lo mismo un pájaro y un avión para aquéllos que designan ambos con el mismo nombre? ¿Qué fue antes: la rosa o su nombre? Éstas y muchas más preguntas se desvelarán a través del diálogo en el Café Filosófico de El Rastrel 
No te lo pierdas! este viernes a las 17h30!!!!
Entrada: 3 euros con consumición
Dirección: https://www.google.es/maps/place/Calle+Grillo,+21/@40.9632993,-5.6590364,17z/data=!3m1!4b1!4m2!3m1!1s0xd3f2613025efad5:0x4f3ebf5309179a30

martes, 3 de junio de 2014

CAFÉ FILOSÓFICO Nº 22
COHERENCIA ENTRE EL PENSAR Y EL HACER


Puesto que no terminaba de quedar claro si el tema propuesto versaba sobre la coherencia o la constancia, comenzamos la actividad con el pensamiento de Hume el cual hace referencia a ambas. La creencia en la existencia independiente de los objetos externos la atribuye Hume a la imaginación, debido a la constancia y a la coherencia de las percepciones. No se puede justificar tal creencia apoyándose en los sentidos, ni apelando a la razón. No puede proceder de los sentidos, ya que éstos no nos ofrecen nada distinto de nuestras percepciones. Pero tamopco de la razón, ya que no es posible recurrir al principio de causalidad. En cualquier caso, ¿qué nos genera más constancia: la razón o los sentidos? Ángel opina que los sentidos, porque se asemejan más a la realidad. Álvaro en cambio apela a la razón, porque los sentidos nos engañan. Ángel replica que la razón también puede engañarnos porque puede venir condicionada o infundada por una emoción. Sandra, haciendo referencia al campo científico, comenta que hay cosas que no podemos percibir pero sin embargo sabemos que están ahí, por ello confía más en la razón. ¿Y obramos de acuerdo con el pensar o con el sentir? Sagrario hace referencia al libro de la Política de Aristóteles, en el que se dice que la voz es para expresar el sentimiento. Los hombres comparten lo bueno, lo conveniente y lo justo, y en eso consiste la amistad. Pero en la realidad, los hombres son expertos en mentir, y eso lo hacen por propios intereses. Mariví corrobora que nos mueve el sentimiento, es el motor ejecutor de cualquier acto racional. Los únicos capaces de descentrar, para Sagrario, el egocentrismo, son los niños. Hay coherencia en el cerebro de un niño cuando dice de manera sincera: “Papá, pero si has dicho que fumar es malo...” Y eso no son otra cosa que las Emisiones realizativas de John L. Austin: “un tipo de emisión que parece un enunciado y supongo que gramaticalmente sería clasificada como un enunciado que no es carente de sentido, y si embargo no es verdadera o falsa (…) Serán emisiones perfectamente claras, con verbos corrientes en primera persona del singular del presente de indicativo de la voz activa, y no obstante veremos de inmediato que no tienen la posibilidad de ser verdaderas o falsas. Si una persona hace una amisión de este tipo, diríamos que está haciendo algo en vez de meramente diciendo algo.” Sirvan como ejemplos “Bautizo este barco el Queen Elizabeth” o “Sí quiero” (en una boda).

Además, en Estilos y coherencias en las metodologías creativas, un equipo de la UCM escribió que “Somos dado a llenar nuestro entorno con mensajes bonitos de paz, de igualdad, de justicia, de solidaridad... pero en un momento de conflicto, ¿cómo reaccionamos? Si un aparato pudiera medir el grado de coherencia entre la forma concreta de reaccionar y lo que decimos pensar, ¿qué marcaría ese coherenciómetro? Nuestra conducta diaria está fuertemente marcada por sentimientos, prejuicios, miedos e ilusiones que queremos inútilmente esconder debajo de los pensamientos racionales y correctos” ¿Existe coherencia entre nuestras acciones y nuestros pensamientos? Para Lara, somos seres cobardes a los que nadie ha enseñado a controlar los sentimientos, quizás por miedo, por ello muchas veces no pensamos en nuestras acciones, simplemente dejamos que las cosas pasen. Para Álvaro tampoco existe la coherencia, ya que estamos llenos de pensamientos éticamente malos que enmascaramos con buenas acciones. Sandra opina lo mismo, y añade que sólo fingimos una muestra de coherencia cuando actuamos frente a otros por interés y tenemos que dar una buena imagen, pero es una coherencia falsa.


Llegado este momento, se explicó la mala fe de Sartre y se plantearon algunos ejemplos de El ser y la nada. La pregunta principal entonces era si existe coherencia entre el hacer y el pensar cuando elegimos no elegir. Para Kiwi, por ejemplo, la no elección puede ser un acto. Mariana sin embargo no ve coherencia alguna, ya que en los ejemplos, los personajes siempre están condicionados por el pensar del otro. Pero de un modo u otro, tod@s hemos presupuesto algo sin saber lo que realemnte pensaba Sartre, creador de los personajes y dador de esa mala fe, ya que él fue el responsable de lo que estos personajes tienen y son.