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martes, 4 de noviembre de 2014

TODO UN ÉXITO EL PRIMER CAFÉ FILOSÓFICO EN LA BIBLIOTECA TORRENTE BALLESTER DE SALAMANCA. 

DEBAJO PODÉIS LEER EL RESUMEN Y, AL FINAL, PINCHAR EN EL ENLACE CON UNA NOTA DE PRENSA, CORTESÍA DE SALAMANCARTVALDIA


GRACIAS!!!!!



CAFÉ FILOSÓFICO Nº 24

PENSAMIENTO CRÍTICO

¿Qué es el pensamiento crítico? Tras tomar asiento y energía con algunos de los dulces que se ofrecían en la sala, comenzó el diálogo entre l@s diferentes comensales. Ángel fue el primero que se lanzó, comentándonos que para él, el pensamiento crítico es la valoración de algo o alguien realizada de manera objetiva. A lo que Luis respondió con un tono un tanto irónico que a los españoles nos encanta ser objetivos pero siempre poniendo nuestro punto de opinión en la oratoria. Álvaro no descarta la objetividad, pero añade que no basta con eso, ya que la subjetividad también merece ser valorada. Sagrario deja de lado el plano objetividad/subjetividad y ofrece como definición del pensamiento crítico aquella manera de pensar abierta, no dogmática, sujeta y capaz de revisión. Antonio apoya esta definición y dice además que el pensamiento crítico es un pensamiento que se cuestiona y abierto a ser, de hecho, cuestionado. Pero nos hace una pregunta: “¿puede haber algún pensamiento que no sea crítico?” ya que pensar, aclara, significa cuestionar lo que nadie cuestiona.

Parece que, si en elgo están tod@s de acuerdo, es en que es esencial hacerse preguntas para pensar de un modo crítico. No obstante, ¿se educa a las personas para que aprendan a formular preguntas o solamente para que respondan?. Robert Fisher, en su obra Diálogo creativo. Hablar para pensar en el aula decía lo siguiente: “Si los niños están siempre en el extremo receptor de las preguntas es posible que no aprendan a formularlas por su cuenta (…) Tenemos que utilizar las preguntas para comprobar lo que saben los niños, pero también para estimular su pensamiento, su aprendizaje y su formulación de preguntas.” Ángel cree que se limita la capacidad de reflexión. Luis cree que en la sociedad a la que pertenecemos crecemos siguiendo normas y una vez que vamos conociendo y comparando más datos, estos datos terminan por contradecirse. Para Sagrario, la forma de actuar de los padres tiene mucho que ver en este proceso que impide a los más pequeños hacerse preguntas. Cree que padres y madres tienden a dar continuamente respuestas que cierran un proyecto. L@s niños son borbotones de preguntas, y tanto las familias como el sistema eduativo tienden a tapar esos borbotones, a evitar que se extiendan. Y la tapadera tiene forma de currículos y programas que se imponen en los centros educativos. De este modo, damos los procesos por concluídos. Álvaro, como alumno, también ha visto reprimida su curiosidad cuando en ciertas clases terminan por contestarle “esto es así porque sí”. Antonio, en cambio, no cree que la curiosidad de much@s genere crítica, sino cotillas. Dice que el motivo por el cual la curiosidad no fomenta la actitud crítica es porque siempre recibe una respuesta, y las respuestas no se reciben, sino que hay que ir siempre tras ellas. Sin embargo, Sagrario rompe una lanza por la curiosidad en el sentido aristotélico o popperiano como las ganas de conocer. El pensamiento crítico, en este sentido, es como un hambre que nunca cesa, pero que hay que satisfacer de manera continua.

Ángel va más allá y nos dice que no se tienen en cuenta modelos alternativos a los impuestos, y esto frena tajantemente el pensamiento crítico porque sólo interesa la productividad. La sociedad discrimina a la gente que opta por un camino alternativo a esta productividad. Eso nos recuerda a Herbert Marcuse en Eros y razón dialéctica cuando escribía “La libertad ha quedado radicalmente adulterada, y lo que se desea ya nada tiene que ver con lo que uno es, sino con lo que la producción necesita (…) y la satisfacción de los deseos es algo que el sistema productivo fácilmente logra, ya que en esa (pseudo)satisfacción se cumple el fin del sistema mismo: su indefinido mantenimiento.” Antonio explica que a veces confundimos lo que queremos con lo que no queremos, ¿queremos medrar en una empresa o tener tiempo para disfrutar de nuestro tiempo? Ésa es la clave, aprender a diferenciar lo que queremos de lo que el sistema quiere de nosotros.


Gracias a tod@s l@s asistentes y nos vemos el 26 de noviembre con el tema “Necesidades y deseos en la sociedad de consumo”.