Archivo del blog

sábado, 27 de diciembre de 2014




CAFÉ FILOSÓFICO Nº 26

¿DEJAR HACER O INTERVENIR?

Esta vez tratamos un tema a abordar desde muchas perspectivas para despedir el año. Con menos asistentes pero no por ello menos interesante.

Para empezar, comenzamos hablando de las relaciones abuel@s-niet@s. ¿Han de intervenir aquéll@s en la constitución de la identidad de ést@s? Ángel comenzó el turno de palabra diciendo que las influencias de l@s abuel@s siempre pueden ser positivas. Mariana nos ilustra con su historia personal y nos pide que le demos su opinión. Su nieta, de 18 años, ha comenzado a convivir con ella en el piso, ya que está cursando sus estudios universitarios en la ciudad de Salamanca. El problema es que en la casa de Mariana hay dos normas inqubrantables: no invadir su espacio y mantener ordenado el baño. Aquí se presenta el siguiente dilema: la nieta cumple en la universidad, tiene disciplina... pero se pone la ropa de Mariana, usa su ordenador, etc.; esto a Mariana le hace sentir feliz como abuela, pero no quiere consentirlo porque se ve en el deber de enseñar a su nieta cómo ha de comportarse cuando vaya a vivir a otro lugar. ¿Dejar hacer o intervenir? Jesús contesta con un dicho africano que dice lo siguiente: “Para educar bien a un niño se necesita toda una tribu”. Y explica que l@s niñ@s ven a sus abuel@s como una extensión de los padres/madres. Álvaro añade además que las personas tienen comportamientos diferentes dependiendo del contexto social, y la nieta parece actuar de esa manera debido a la confianza más que a un patrón de conducta.

Cambiemos ahora de contexto y pasemos a la decisión de intervenir en el contexto clínico. Uno de los casos prácticos (reales) que tratamos en este Café fue el de Marlise Muñoz (33 años), embarazada. Padece muerte cerebral y está siendo mantenida con vida por el hospital porque está embarazada y la ley en Texas dicta mantener las funciones de la madre para salvar al feto. Sin embargo, su marido y su familia quieren retirar la respiración artificial, pese a que esto dañaría al feto. ¿Dejar hacer o intervenir? Mariana opina que lo mejor sería desconectar el respirador, ya que los bebés al nacer tienen que depender de la madre, y en este caso no sería posible. Álvaro reconoce que se ve en un dilema a la hora de tomar una decisión, ya que siempre ha considerado que es la madre quien tiene que decidir si seguir o no adelante con un embarazo, pero en este caso no existe tal figura para ejercer esa voluntad. Jesús va más allá y afirma que la vida tiene que sostenerse por sí misma. Nos dice que la ciencia modifica los procesos naturales, dándose el gusto de aparentar que está generando grandes desarrollos. Álvaro está de acuerdo en que la vida ha de sosternerse a sí misma, pero discrepa en su pensamiento sobre la ciencia, ya que no cree que sólo aparente, sino que también soluciona los problemas mundanos. Jesús aclara su intervención anterior y dice que a lo que quería referirse es a la atención social hacia ciertos focos de la ciencia que dejan de lado los problemas mundanos, como el alargamiento de la vida o el mantenimiento de la respiración en personas legalmente muertas. Mariana vuelve al meollo de la cuestión hablando de la excelencia hospitalaria, la cual se mide por el rendimiento (a menos muertes dentro del hospital, mayor rendimiento). Aprovechamos para recomendar también un libro relacionado con los temas tratados hasta el momento: Delicioso suicidio en grupo de Arto Paasilinna.


Y para terminar, otro caso práctico en el que se nos plantea la duda sobre intervenir o dejar hacer: Un paciente de 82 años que está siendo tratado con hemodiálisis periódica 9 horas semanales en etado terminal. Últimamente el paciente reacciona con violencia al tratamiento e incluso se desconecta de los cables. Su esposa quiere que lo sigan tratando, pues cuando la diálisis se realiza en casa y con ella cerca él no protesta. Su hija opina igual que la madre, pues es enfermera y ha visto cómo se trataba a pacientes con peor diagnóstico. El hospital, en cambio, quiere parar el tratamiento debido a la calidad de vida del paciente y porque muchos otros con mejor diagnóstico podrían ocupar su lugar. Los asistentes del Café optaron por la eutanasia, ¿qué opinas tú?

viernes, 26 de diciembre de 2014

CAFÉ FILOSÓFICO Nº 25

NECESIDADES Y DESEOS EN LA SOCIEDAD DE CONSUMO

Segunda sesión de Café Filosófico en la Biblioteca Torrente Ballester. En este mes de noviembre, tan cerquita del mes de consumo, l@s asistentes muestran su opinión sobre qué significa para ell@s este concepto. Para Ángel, el consumo no es otra cosa sino efectuar un deseo de forma material o inmaterial. Para Isabel, es la compra de bienes, racional o irracional (a ésta última nos referimos, más que con el “consumo”, con la palabra “consumismo”). Para Álvaro, hay una clara diferencia entre consumo y consumismo. El consumo es la utilización de un recurso, y el consumismo es priorizar lo material sobre la utilidad. Para Mariana, el consumo se identifica con la satisfacción de una necesidad, mientras que el consumismo se identifica con un deseo compulsivo. Asimismo, para Luis el consumo se identifica con la adquisición mientras que en el consumismo se confunden las necesidades con los caprichos. Pero, ¿cuáles son realmente nuestras necesidades?

Pilar asocia lo necesario a lo imprescindible. No obstante, el concepto de “necesario” ha evolucionado, y también ha hecho evolucionar. Para Ángel lo necesario está directamente relacionado con lo vital. Para Inés es un concepto subjetivo y en constante cambio. Y añade que para cada persona este concepto puede resultar muy variable. A continuación lo explica con una historia sobre el agua, en la cual un agricultor que cada día regaba sus tierras con el agua que transportaba en dos cántaros le dice a su hijo que no son necesarias para él unas instalaciones de agua corriente, pues podía solventar su trabajo de este otro modo. Álvaro nos cuenta que para él lo necesario es lo imprescindible para vivir bien, y dice también que las necesidades dependen del desarrollo de una sociedad.

Y hablando del desarrollo de la sociedad, citemos un texto de Adela Cortina en Por una ética del consumo: “Existen dos tipos de seres humanos, los que tienen abiertas las puertas del consumo ilimitado y los que las tienen cerrada. Y en una distinción de sociedades no menos simplista, las consumistas, no por eso necesariamente satisfechas, y las que están desearlo serlo, a las que se les suele aplicar el discutible nombre de sociedades “subdesarrrolladas” o “en vías de desarrollo”. Se da a entender con ello que el consumo ilimitado coincide con el desarrollo, afirmación más que peregrina que tendremos ocasión de considerar”. Y yo pregunto, ¿Calificamos a las personas según su consumo? ¿Es el consumo sinónimo de desarrollo? Para Álvaro, el desarrollo es simplemente la progresión hacia una vida mejor. Luis opinaba que un país es desarrollado si es capaz de producir la felicidad de la mayoría de los individuos. Antonio en cambio piensa que es el PIB lo que mide el desarrollo de una sociedad, ya que el consumo está ligado indefectiblemente al mercado y el mercado tiende a confundir la necesidad con los deseos, por la sencilla razón de que las necesidades son limitadas y los deseos son infinitos. Ángel es tajante en su opinión de que el consumo no es sinónimo de desarrollo, ya que depende de la madurez. Y no cree que una persona esté más desarrollada por poseer más poder económico. Inés nos dice cómo en esta sociedad se valora a las personas por la capacidad de producción. Y Antonio apoya esta sentencia afirmando que no producir coloca a las personas en la periferia del sistema. Parece que un@ ya no tiene derecho a encontrar la felicidad en algo ajeno al trabajo y la satisfacción de deseos, los cuales confundimos, cada vez más con las necesidades.

“Aseguraba Marcuse que los individuos no son autónomos, sino que están totalmente controlados a través de las necesidades que se les imponen. La razón instrumental, manipuladora, controla a los individuos a través del consumo impuesto”. (Adela Cortina).


Como dijo antonio en el Café, sólo cuando se ha inventado el fármaco, se inventa el síndrome.